Enquanto a Petrobrás se dedica a extrair petróleo de águas profundas, o governo equatoriano dá um passo importante para reduzir os efeitos do câmbio climático: a decisão de manter suas reservas debaixo da terra possibilitará, ainda, a proteção de culturas ancestrais e uma biodiversidade única. Foto: Acción Ecológica
Un jardín de un millón de hectáreas espera ser salvado de la depredación
Miles de especies hacen del Yasuní, en la Amazonía ecuatoriana, el lugar más megadiverso del planeta, pero su sostenibilidad depende de un plan que busca dejar sin explotar millones de barriles de crudo en el corazón de este gigantesco jardín.
Como un tapiz verde, el parque Yasuní se extiende por la margen este de la selva amazónica, entre las provincias de Orellana y Pastaza, y es el hogar de unas 150 especies de anfibios, 121 de reptiles, 596 de aves, 200 de mamíferos, 500 de peces y 4.000 de plantas, muchas endémicas.
Con ellas conviven los Tagaeri y Taromenane, los dos últimos pueblos indígenas en aislamiento voluntario de Ecuador, uno de los 12 países con mayor biodiversidad del mundo que propone dejar el 20% de sus reservas petroleras bajo tierra como un aporte contra el calentamiento global.
“La evidencia científica nos dice que en esta zona (de 982.000 hectáreas) se concentra la mayor biodiversidad del planeta”, dijo el biólogo ecuatoriano Pablo Jarrín, director de una estación científica de la Universidad Católica de Quito, que monitorea la reserva desde 1995.
“Es lo que nos queda de jardín original”, añadió el científico durante un recorrido por este paraíso de sonidos mágicos, que describe como una “burbuja de bosque casi intacto” pese a haber sido “afectada relativamente” por la explotación de crudo.
“Conforme evoluciona, la vida tiende a diversificarse, y en esta zona ha llegado a un punto muy alto de diversificación”, explicó Jarrín.
Al Yasuní se accede tras 40 minutos de vuelo desde Quito hasta la ciudad de El Coca y dos horas en lancha por el río Napo hasta la localidad de Pompeya, la entrada a este lugar donde la naturaleza se muestra con todo su esplendor.
El ingreso está restringido e incluso los invitados especiales del gobierno deben cumplir un chequeo exhaustivo, que incluye la detección de objetos extraños a la zona por parte de guardias privados de la petrolera hispano-argentina Repsol-YPF, que opera un bloque a 70 km de la estación.
En ese centro, investigadores estudian miles especies en una parcela de 50 hectáreas. Algunos monitorean los cambios del bosque con un “nivel de detalle único” en la región, según Renato Valencia, decano de biología de la Universidad Católica.
Una sola hectárea alberga 655 especies vegetales, más del total de árboles nativos de Estados Unidos y Canadá, resalta.
Desde 1995 la estación monitoreó 304.000 tallos y 1.200 especies (con alturas de un centímetro a 40 metros), de las cuales el 30% son “relativamente raras”, e identificó 25 nuevas y dos géneros desconocidos de árboles, detalla Valencia.
El biólogo afirma que sólo un árbol de 60 centímetros de diámetro puede almacenar una tonelada de carbono, lo que equivale a las emisiones de 500 autos en un año.
Otras cifras indican que el 35% de las medicinas descubiertas recientemente tienen como origen la Amazonía.
Pero todo ello, por lo cual el Yasuní fue declarado Reserva Mundial de la Biósfera por la UNESCO en 1989, pasaría a ser un recuerdo si la naturaleza pierde el pulso contra el desarrollo humano, advierten los científicos.
Para evitarlo, el presidente socialista Rafael Correa propone no explotar 846 millones de barriles de crudo que contienen los campos Ishpingo, Tambococha y Tiputini, en el Yasuní, a cambio de una compensación internacional de 3.600 millones de dólares.
La suma equivale al 50% de lo que percibiría el socio más pequeño de la OPEP si explota el hidrocarburo, con lo que se emitirían 407 millones de toneladas métricas de CO2, responsable del efecto invernadero.
En aras de cristalizar ese deseo, Ecuador y el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) constituyeron el 3 de agosto un fideicomiso que receptará los fondos, y a partir de setiembre el país iniciará una ofensiva mundial en busca de apoyo.
Si no se conserva el Yasuní, “perderíamos prosperidad y salud a corto plazo, una parte importante de nuestra estabilidad ambiental, política y económica y de nuestra espiritualidad”, afirma Jarrín.
Escrito por William Montoya, 30 de Agosto de 2010
Fonte: AFP